ÓSCAR MARTÍNEZ.- En este rincón del café, hoy me permito invitar al improbable lector un té, que tomar con parsimonia en tiempos de rapidez. Cuenta Ítalo Calvino en sus Seis propuestas para el próximo milenio (que ya es el presente milenio) el siguiente cuento chino:

El maestro Chuang, o Chuan Tzu o Zhuangzi, filósofo chino durante el periodo de los Reinos Combatientes, era además un maestro del dibujo. Uno de los dos reyes bajo cuyo mandato vivió (el rey Hui de Wei o el rey Xuan de Qi) le mandó que dibujara un cangrejo. El maestro Chuang le contestó que necesitaba cinco años y una casa con cinco sirvientes. Pasados cinco años, el dibujo aún estaba sin empezar y solicitó otros cinco años. El rey Hui de Wei o el rey Xuan de Qi se los concedió. Había pasado pues una década y en ese mismo instante, de un solo trazo, dibujó el cangrejo.

Como siempre aquí, el té se sirve sin moraleja.