OBRA ANTERIOR

El canasto de la ropa marchita se suma así a sus otros libros publicados, Chien Loup (Ediciones Libertarias, 1994), Poemas de falda negra (Huerga&Fierro Editores, 2004) y Gotas cosidas en el aire (Huerga&Fierro Editores, 2013). Fue incluida en la antología dirigida por Julia Barella El poeta en su ciudad (1991), compuesta con una selección de poemas de varios autores de Leganés. Asimismo, Marisa Vaquero fue cofundadora del Colectivo Literario Leopoldo María Panero, de Leganés, participando en la elaboración del libro Los ojos de la escalera (Ediciones Libertarias, 1992).

Marisa Vaquero 

 

Marisa Vaquero González de la Higuera irrumpió en el mundo literario a finales de la década de los ochenta del pasado siglo con un breve y extraordinario poemario, Jardines de piedra, ganador del primer Premio Ciudad de Leganés 1988. Desde entonces, su trayectoria literaria ha ido en ascenso, en un progreso que la sitúa como una de esas poetas que, si bien no tiene prisa en publicar, cuando saca a la luz un nuevo título el lector se sorprende ante la contundencia en el lenguaje y la calidad literaria de su trabajo: una obra en permanente evolución que la sitúa como una autora que atrapa con sus versos, provocando la emoción necesaria que toda composición poética está obligada a transmitir.

Con una poesía, que podría catalogarse como intimista, Marisa Vaquero se decanta por los versos cortos, suaves unas veces, muy duros otras, y sorprendentes siempre; desde el punto de vista formal destaca su cuidado a la hora de mantener el ritmo poético, verdadero responsable para que el poema sea tal y no una sucesión de frases partidas y sin cadencia redactadas con una forzada intencionalidad estética. Además del cuidado del ritmo, los versos manan naturales, no necesitan estar revestidos de esos ropajes literarios que pueden convertir al poema en algo inaccesible y ajeno a quien los lee.

La autora confraterniza con el lector para contarle su estado de ánimo, le muestra pinceladas de la existencia que le ha tocado, sus inquietudes, esos días que pasan cargados de cotidianidad, de sueños que fueron, de la nostalgia por los que ya no están, de paisajes nuevos y de tránsitos. El libro, lejos de mostrarse ajeno al resto del mundo, logra proyectarse al ámbito del universo literario: las piezas que componen el poemario toman vida propia, emocionan al lector, permitiéndole identificarse con los versos, sintiendo su belleza y aportación literaria. 

Marisa Vaquero es natural de Daimiel (Ciudad Real), si bien llegó al municipio de Getafe con 14 meses de edad, lugar en el que residiría durante su juventud y donde el apellido Vaquero será conocido y reconocido en las personas de sus hermanos, Jesús y Lorenzo, este último pintor de extraordinario talento y prestigio, tal vez el que mejor ha inmortalizado la luz y la personalidad de esta ciudad del sur de Madrid.

De Getafe pasaría a establecer su domicilio en Zarzaquemada, barrio leganense en el que ha vivido durante varias décadas. En la actualidad, Marisa Vaquero reside en Medina del Campo (Valladolid).