Una novela histriónica

Hace unos meses encontré en mi biblioteca un cuaderno apaisado con las hojas amarillentas y todas desprendidas del lomo aunque con las carátulas muy bien conservadas como si tuvieran la misión de estar allí para protegerlas. No tengo ni idea de cómo ese cuaderno pudo haber llegado a una de mis estanterías.

Es probable que mi mujer en el reparto de bienes de la herencia de sus padres de la que solo pidió quedarse con algunos libros y con los diarios de ambos cónyuges (algún día los miraré), lo hubiera puesto en esa estantería en aquel momento desde el que ya han pasado diez años. ¿Es posible que fuera yo quien eligió ese cuaderno y no me acuerde? ¿Es otra la procedencia? Todo es posible. Y juro que no tengo ni idea de dónde pudo haber salido semejante engendro. Será el alféizar como yo llamo a la fase de todos los olvidos que no llegan a adquirir el título de enfermedad.

Le eché un vistazo a aquel hallazgo y vi que aquellas hojas contenían un texto escrito a máquina, con toda seguridad una Underwood porque lo he comprobado y coinciden las formas de todos los caracteres y signos. Vi también en esa rápida hojeada que las páginas estaban numeradas a pluma con números escritos a mano hasta alcanzar la cifra de 190…

 

Una novela histriónica

… [Viene de arriba]

Primero había dos hojas en blanco, (bueno, mejor dicho, en amarillo avejentado ya que el paso del tiempo había impreso esa coloración sobre el papel). En una cara de la tercera hoja ponía «Dedicada a Don Joaquín Cristos de la Fuente» y en la cuarta aparecían dos firmas con el nombre de Santiago Valle. El nombre, Santiago, encima y el apellido, Valle, debajo, un poco escorado a la derecha, rodeados cada uno de ellos por una elipse como rúbrica y ambos recogidos dentro de otra tercera de mayor vuelo.

Comencé a leer y enseguida me vinieron a la cabeza los nombres de Molière con todas sus comedias y el de François Rabelais con su Gargantúa y, cómo no, el de Don Quijote o el de Tristram Shandy, así como los nombres más destacados y conocidos del teatro del absurdo: Alfred Jarry, Antonin Artaud, Samuel Barclay Beckett, Eugène Ionesco, Jean Genet… y hasta Valle-Inclán, Jardiel Poncela o Manolito, El Pollero.

También encontrará el lector abundantes juegos con el lenguaje y copiosos saltos temporales, mezclados en ocasiones con aires decimonónicos y fértiles rasgos románticos… El derroche de imaginación, el humor e incluso la hilaridad al servicio de la caricatura, tomando como disculpa a Cristóbal Colón y su descubrimiento del Nuevo Mundo, estaban servidos. Seguí leyendo y leyendo atraído por la extravagancia que rezumaba lo que en aquel cuaderno había escrito alguien (el tal Santiago Valle, supongo), por la evasión y la diversión, casi surrealista en muchos fragmentos, que proporcionaban un alejamiento lúdico y una huida creativa de la mediocre realidad política y sociológica dominadora en España a principios del siglo XXI. ¿Añadiré también literaria? (Esta labor tuvo lugar, por mi parte, entre los años 2018-2019 –antes de la pandemia COVID19– y ha sido repasada ahora para su edición en 2020). Si el contenido era muy atractivo, la forma dejaba mucho que desear: había anacolutos, fallos de concordancias y de sintaxis, palabras mal escritas ortográficamente, pleonasmos, utilizaciones incorrectas del subjuntivo, dequeísmos, errores léxicos tanto de contenido como funcionales, de repetición, etc., etc.

Unas semanas después de la lectura, pensé en que podía ejercer de Braghettone con aquel texto como Daniele da Volterra con los desnudos de Miguel Ángel, y puse mi empeño no en la censura moral sino en el retoque artístico y en la corrección lingüística. Es posible que el lector encuentre aún en mi versión algún fallo de esa índole. ¡Qué le vamos a hacer! Nadie es perfecto. Y hubo ocasiones en que me resultó muy difícil elegir para quedarme o bien con la ambigüedad o bien con la coherencia.

Había fragmentos y páginas completamente ilegibles que me he tenido que inventar como Menéndez Pidal (pero en humilde) las del célebre Cantar del Cid. En cada momento hice lo que me pareció más oportuno para satisfacer y agradar a un hipotético lector cuyo paladar literario fuera similar al mío y para producir belleza y extrañeza. En la última página de aquellas hojas figuraba, quién sabe por qué, una fecha: 1936.

El resultado de ese trabajo es la novela Nuevas nuevas sobre Colón cuya autoría corresponde casi totalmente y casi con toda seguridad a ese tal Santiago Valle del que no he encontrado referencia alguna a pesar de haberla buscado con ahínco.

El título sí es de mi autoría porque la hoja en la que figurara el suyo debió de traspapelarse.

No le llamaremos, pues, novela histórica sino «histriónica». Nunca me han seducido demasiado las novelas históricas desde el punto de vista literario porque pretenden matar dos pájaros de un tiro: enseñar historia y exhibir literatura y pienso que, en general, no consiguen ninguna de las dos cosas pues «la literatura pide eco y resonancia y la historia fidelidad y exactitud; la historia exige certidumbre en lo acontecido, mientras que en la literatura el lenguaje funda los sucesos». De ahí que, en la línea irónica y satírica contra las formas relamidas de escribir (da igual en qué movimiento literario se encasillen) que hay en las páginas de esta novela centrada en la figura de Cristóbal Colón, le siente muy bien, a mi juicio, ese subtítulo. Sin embargo, como novela de entretenimiento, la novela histórica me parece perfecta.

¡Venga, a disfrutar con el placer de leer igual que yo lo hice con el de reinventar y reescribir! ¡Pasen y lean!

(PRÓLOGO DE LA EDICIÓN)

 

FICHA TÉCNICA

Título: Nuevas nuevas sobre Colón

• Autor: Ezequías Blanco

• Género: Novela. 212 páginas

• Editorial: Luceat Ediciones SL

• Getafe, Madrid. 2020

• Depósito Legal: M- 30053-2020

• ISBN: 978 – 84-948747-8-9 

Edición papel. PVP: 18 euros.

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Edición PDF: PVP: 9 euros