ÓSCAR MARTÍNEZ.- De nuevo la actualidad editorial en la isla de Delos nos lleva al prolífico escritor Luciano de Samosata. En el acto de presentación de la nueva novela de Ezequías Blanco Nuevas nuevas sobre Colón. Novela histriónica, se evocaba su figura y obra al sostener que la nueva obra de Ezequías Blanco se entroncaba en la tradición no ya de los libros de viajes –el de Colón fue un viaje de conocida trascendencia en la historia de la Humanidad–, sino en la de la parodia de los libros de viajes, cuyo primer representante de cierta notoriedad fue el autor sirio de lengua griega, Luciano. Como en el disparatado viaje a la luna de Luciano, la novela de Ezequías se revela como heredera de esa literatura paródica en el empleo de unos tonos caricaturescos y carnavalescos, así como llenos de referencias a un acervo literario anterior (Ezequías, que es poeta y narrador, también es filólogo y ha trabajado toda su vida como profesor de literatura), y como en Luciano también en las Nuevas… abundan los parajes más extraordinarios y los personajes más excéntricos, quienes dan pie a episodios claramente clasificables como surrealistas. Comenta Carlos García Gual en su traducción a las obras de Luciano (una recopilación de sus Relatos fantásticos, en Alianza editorial) que por las venas de Luciano y epígonos suyos, como Swift, corren mares de tinta. Ese es también el combustible que alimenta la última novela de Ezequías, cuyos acontecimientos se suceden sin dar tregua al almirante Colón evidenciando la capacidad que tiene la narrativa de modelar el mundo mediante la imaginación. Al igual que Luciano llevó a descubrir a sus lectores del siglo II de nuestra era la luna y el sol, Ezequías nos embarca en su novela en un viaje rumbo a un descubrimiento (el del continente que no lleva su nombre) de ficción. Un último paralelo entre ellos dos es que la ocupación literaria no es territorio de la circunspección, sino más bien del divertimento y del placer que producen las historias por contar.