Si de algún lugar las historias no se mudan son de los libros. Es la tinta, pues, garante de recuerdo, que tanta falta hace ya sea por desmemoria; ya sea por carencia de conocimiento. Javier Sánchez Sánchez, en primer lugar, es una persona buena. Después, es doctor en Derecho y académico de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, además de letrado de la Asamblea de Madrid y profesor en la excelsa UC3M.  En la sincera humildad inherente a este autor, Sánchez pretende perpetuar una vivencia de hermanos cuyos sentimientos no ha apagado el tiempo. Fue un 12 de octubre de 1968 la fecha en que se produjo la descolonización de Guinea Ecuatorial. A cada palabra pausada que sale de unas entrañas apasionadas por el lugar, Javier Sánchez nos recrea, a caballo entre el rigor de la Historia y la brillantez de su prosa novelada, un escenario de bosque y sal. De yuca y percusión oriunda. De bubis y fang. Y sobre todo, de lazos. Un viaje sin par al África negra. A la inmarcesible y fraterna Guinea. Una conversación que es un regalo, porque regalo es que te descubran la belleza. Deja poso a cada  paso. Magia tras un Viento de marzo, que enlaza el siglo XVIII con algo más allá de nuestros días.

Pregunta: ¿Dónde alumbra el germen de la obra?

Respuesta: Fue una sorpresa muy agradable, tenía unas referencias muy vagas del país. Se dejó de hablar de Guinea y se fue diluyendo en la memoria. Con esa falta de proximidad aterricé allí, incluso con ciertos temores. Me encontré con gente encantadora que se abre cuando entran en contacto contigo como español. El cariño que nos tienen y la necesidad de ser reconocidos me impactaron sobremanera. Y nosotros no la cubrimos lo suficiente. Quizá el libro surge para llenar esa carencia y apuntar vías de aproximación.

P: Nos encontramos con dos etnias…

R: La bubi, predominante en la Isla Bioko (Fernando Poo como denominaba en la colonia) y la fang, propia del continente. Estaban separadas hasta que llegan los españoles, aunque habían tenido contactos, sobre todo bélicos, se esclavizaban unos a otros… Los bubis eran más de trabajo doméstico y administrativo y los fang para la guardia territorial y plantaciones. Éstos acaban siendo la etnia mayoritaria hoy en día, que domina tanto el continente como la Isla.

P: De 1777 a 1965… Encontramos mucho y buen diálogo; un espejo muy claro de las relaciones humanas y que dota de especial agilidad a la obra…

R: Son 516 páginas y con un alto contenido histórico. El diálogo es necesario para hacerla atractiva y que fluya la lectura. De lo contrario, caes con el riesgo de convertirlo en un ensayo.

P: Se aprecia cierto reflejo galdosiano, pero del siglo XXI, en esa captación de los avatares del coral de personajes, que nos invitan hasta ser testigos de sus historias de amor…

R: No ha sido intencionado, pero cuando uno se pone a escribir las intenciones cuentan poco y sale solo. A mí me agrada mucho esa comparación, pero estoy a siglos luz de Don Benito. No hay un intento de remedo, sino el fruto de lo que se lee y reflexiona, que, quizá, ostente cierta perspectiva galdosiana que a mí me encanta que se aprecie.

P: ¿Era Guinea una suerte de ‘patata caliente’? ¿Resulta complejo la gestión de una provincia a 4.000 kilómetros?

R: Ha de pensarse en qué España es la que se enfrenta a la descolonización: la franquista. En contexto internacional en el que se encuentra en un tercer plano, prácticamente es una apestada con alguna relación interesada por parte de EEUU y es, especialmente, pobre. En ese contexto, hay dos grandes líneas en el Gobierno. La de Carrero Blanco mucho más patrimonial, que sueña con el viejo imperio y que intenta no soltarla como una forma de prestigio internacional. Y frente a ella, surge una postura mucho más moderna, la de Castiella y que pretende adecuarse a los requerimientos de Naciones Unidas y culminar el proceso de descolonización, un avance por situar a España de lo que la Comunidad Internacional requería. La punga acaba en desastre. Ninguno es capaz de llevar sus pretensiones a puerto, se entrecruzan y se aprovechan potencias extranjeras e intereses extraños como los petroleros y desemboca en un verdadero desastre que es la elección de Francisco Macías como primer presidente de la República que hunde a Guinea.

P: Comprobamos el sello catalán…

R: La verdadera metrópoli de Guinea Ecuatorial no fue Madrid, sino Barcelona. Madrid era la capital política de donde partían las decisiones, pero todas estaban tamizadas por los intereses de las empresas catalanas que eran las que invirtieron capital allí y realizaban la mayoría de las decisiones. La presencia de catalanes fue notable y muy superior al resto de los peninsulares  en el ámbito de la industria y de la explotación de las plantaciones, tanto de la madera como del café.

P: Y entre tanto, las ilustraciones de Eugenio Rivera Claudio…

R: Ya trabajé con él en la primera novela, Contra las olas, y me quedé sorprendido. Aquí intentamos suprimir a los personajes de las ilustraciones porque cada lector se forma una idea del personaje y nos parecía que ofrecerle una imagen limitaba su capacidad de imaginación. Y eso comporta más complejidad para el ilustrador al plasmar en un grafismo parte de la novela sin usar una figura y centrarse en paisajes y objetos; y al lector lo sitúa. Estoy completamente satisfecho y encantado con su trabajo. La capacidad de su trabajo me sigue admirando.

P: Nos encontramos con un broche que sugiere un canto al futuro por parte del autor, un vaticinio…

R: Es un recurso, una necesidad y una ilusión. Estamos llamados a deshacer esa barrera de silencio y desconocimiento que se impone cuando se declara toda la información relativa a Guinea como materia reservada por parte del Gobierno de Carrero Blanco y acaba con un distanciamiento efectivo de la población, cuando es un país muy próximo emocionalmente aunque haya 4.000 kilómetros de por medio. El único país africano cuyo idioma oficial sigue siendo el español. Y no es sólo una cuestión puramente retórica, sino que ellos tienen una vinculación enorme con España.

P: Pueden sorprendernos hasta qué puntos son esos lazos, ¿verdad?

R: Y tanto. Hasta la pandemia había un vuelo diario y viceversa, con niños que se vienen a vacunar, personas que vienen a estudiar. El cinturón de Madrid está lleno de gentes provenientes de Guinea. Hay una enorme integración social y personal absolutamente desconocida por las relaciones oficiales, que van por otro camino. Me parece una pena, porque un español reconoce una parte suya cuando va a allí y ve, oye, habla y se relaciona con la gente. España para ellos es un elemento de su identidad del que no pueden prescindir.

Con un compañero de profesión, fuimos a un restaurante entre la selva y la playa y nada más entrar, vemos el programa de Cifras y Letras… Siguen a T5, TVE… Si te dejas llevar y entras en su día a día, te sientes en casa de forma inmediata, la química con Guinea, con sus personas, es total. Con las instituciones es ya otra cosa…

P: Tendremos trilogía…

R: La idea que surge en Guinea es al interrogarme por qué nos siguen apreciando de esa manera, intento analizar los tres últimos procesos de descolonización o ruptura de España con las antiguas colonias. El primero fue de la guerra de Cuba, luego Guinea y el último es el Sahara, que creo que es una herida aún abierta en la conciencia nacional como país y con el que cerraré la trilogía; y, como dicen los toreros, me cortaré la coleta y acabará mi aventura literaria. Espero que en un par de años la haya concluido y pretendo llamar La trilogía del olvido porque el común denominador ha sido siempre el ése, el olvido por parte de España.

«Me gustaría presentar la novela en Malabo»

P: ¿Se espera una presentación en Guinea?

R: La idea que yo espero es que pueda salir. A ver si en la primavera o verano del año que viene. Quiero presentarlo en el Centro Cultural de España en Malabo, un lugar precioso, e irnos todos los que podamos allí. La idea la he dejado caer y ellos están encantados porque es una oportunidad también de darse a conocer. Y todos los que podamos ir en esa aventura, podremos descubrir un mundo, que hasta ahora no se lo imaginaba quien no lo conozca. Y muy sorprendente. Lo único que se requiere para hacerlo es que esta desgraciada pandemia se levante y que vuelva una vida de viaje y actividad.

En esos buenos deseos de conclusión de la procelosa enfermedad nos incluimos desde Crónica de Getafe. Así como en los anhelos del máximo éxito en el recorrido de la obra, que ha sido editada bajo los auspicios de Isla de Delos, cuya empresa editora es Luceat S.L, especializada en poesía, y que ha debutado en el género con la mejor historia posible. Una de insistencia, de brega, de hermandad. Un tinte rojiblanco que eleva la prosa de ‘Viento de marzo’ a gloriosa epopeya.