El pasado 25 de febrero, el teatro Federico García Lorca de Getafe acogía la presentación del último libro de Ezequías Blanco, Nuevas nuevas sobre Colón, una novela histriónica, editada por el sello Isla de Delos de Luceat Ediciones, S.L., en su colección de narrativa.

En el acto participaron, junto al autor, el editor Mariano García y los profesores universitarios Rafa Martín y Óscar Martínez.

De la misma forma, el público asistente pudo deleitarse con la proyección del vídeo enviado por el poeta Matías Muñoz en el que recita un soneto dedicado a la novela, así como de un entreacto musical orquestado para la ocasión por el virtuoso de la guitarra clásica, profesor de música y compositor Jesús Saiz Huedo y la proyección de un vídeo realizado por Rufo Pajares.

A continuación, reproducimos las palabras de Rafa Martín y Óscar Martínez escritas ex profeso y a modo de resumen sobre su participación en el acto, el contenido de la intervención de Ezequías Blanco y el soneto de Matías Muñoz:

 

RAFA MARTÍN:

En la reconfortante y, para mí, entrañable presentación del pasado jueves 25 de febrero sobre la excelente edición de la no menos reseñable novela de Ezequías Blanco, realicé mi ponencia con el abordaje de los siguientes epígrafes:

– Novela histriónica
– Calidad literaria
– Crónicas engañosas
– Literatura del loco

Dado el tiempo transcurrido desde la aparición del libro hasta el momento, asistimos a la presentación de una novela que, probablemente, ya hemos leído todos. O sea que es representación. Por ello, es muy difícil decir lo que representa una novela cuando ya la han leído los lectores. En consecuencia, intentaré añadir algo especial, nuevo, como nueva nueva de lo que hemos leído. Por otro lado, Ezequías ha reconocido que le han surgido diversos episodios o escenas después de haberse publicado el libro. Anticipa, quizá, la posibilidad de ampliar la historia en otra probable (y deseable) reedición con las novedades novedosas de estas nuevas nuevas.

Cuando se me encargó participar en la presentación del libro, buscaba fragmentos al azar que demostrasen la, para mí, acertada calidad literaria que posee. Lo abrí y me encontré con que “a Colón no le quedó más remedio que improvisar una conferencia que según las reglas de palacio no podía durar menos de un minuto ni más de cinco” (p. 44). Las mismas exigencias que Mariano, a quien felicito por lo cuidada y lo atractiva de su edición, y Ezequías, a quien felicito por haberla compuesto, habían acordado para las presentaciones en el Lorca.

No sé si os habrá pasado como a mí mientras lo leía. He creído reconocer cuánto se ha disfrutado con su escritura, con el constante juego que con el lenguaje utiliza Ezequías. El libro, además, tiene algo de cómic, con sus acciones rápidas y seguidas, sin apenas lugar para la recreación (para la descripción) a pesar de que el relato es exhaustivo, creado y muy sugerente. De ahí la sensación de disfrute que nos une, en todos los libros pero especialmente en este, a las voces narradora y lectora.

No obstante, hablamos de una novela histriónica y debemos cuidar los marbetes que le asignemos, pues por esencia han de ser engañosos. Como las crónicas, que terminan por ser engañosas. Traigo a colación una cita que se le atribuye a Goethe: “el artista se diferencia del resto de los hombres porque construye y reconstruye su personalidad. Es lo que le da derecho a formular exigencias en la vida y ante sus semejantes.” Estas construcciones y reconstrucciones le otorgan a Ezequías el adjetivo de humanista. En torno a 2020 ha “filologizado” con León Hebreo y sus Diálogos de amor; con fray Luis, como acredita su poesía, y, este es el caso, con Francés de Zúñiga, cronista burlesco de Carlos V, o con las misceláneas que adornaban las maravillas que se descubrían en el Nuevo mundo. Por añadidura, el escritor es un renacentista en el mejor de los sentidos de la palabra; humanista que atesora el don de la palabra también en la conversación, que todos hemos buscado en las noches y bares de su Getafe.

Contaban que Ezequías se presentó en su primera clase en el instituto Alonso de Ercilla, de Ocaña, de pie sobre la mesa (cual estatua rememoradora del navegante) y vino a decir al alumnado algo así como que él era… bueno, se insultó gravemente, para sorpresa de todos, y que todos los demás también lo eran, o sea que participaban del insulto, para mayor sorpresa. Entre otras curiosidades de esta narración, en una reciente conversación con el escritor le recordé la anécdota. Ezequias lo reconoció pero no la ubicaba en Ocaña sino en Valencia. Es decir, la historia, lo sucedido, se crea y se recrea al albur de quien la cuente. De hecho, la estoy contando yo y me aprovecho de ella para remarcar la confusión ideada entre escritor, narrador y personaje. Ezequías, en una mesa frente a sus alumnos, ejercía de escritor, de narrador y de personaje. ¡Qué lección de Literatura!

El libro es una lección de literatura. Así que, mientras buscaba pasajes al azar que demostrasen esta afirmación, me encontré con esta nueva maravillosa lección de escritura literaria, pues juega con las palabras, con los personajes, con los lectores (a quienes obliga a interpretar las palabras que usa), con el mismo narrador…:

Los demás, los piratas y sus familiares, se encontraban, después de ingerir aquellas bebidas, biliosos y esfumáricos (de esfumarse), con los cabellos revueltos y las bocas llenas y babeantes de espumas perfumadas y, al pasarles por ósmosis parte de las sustancias de las bebidas a la sangre, trazaban círculos circunflejos y curvas muy cerradas en la imaginación de cada uno de los seres que tuvieran la desgracia de haber sido el asiento de miradas ajenas; es decir, estaban todos colocados como cabras y de pie con un pie, pero con el otro en cuclillas. No obstante, volvieron a brindar por el pulpo escarlata. Esto le hizo recordar a Colón el sueño que había tenido y le hizo pensar con admiración en cómo los sueños reflejan la realidad. Y pensó que, cuando tuviera tiempo y ganas, escribiría un libro para demostrarlo, pero se le adelantó posteriormente Calderón de la Barca con La vida es sueño y su Segismundo y el otro Segismundo, el austríaco, como todo el mundo sabe. (p. 147)

Por último, la literatura del loco, género suficientemente estudiado en la literatura que entronca a Rabelais, al inmortal protagonista cervantino, a las figuras entremesiles, etc. En La opinión ajena, Eduardo Zamacois contaba las aventuras de un loco, cuerdo a los ojos de los demás personajes. Un hombre de vida anodina y rutinaria, en un pueblo manchego, recibe en el Casino el premio de pasar una semana en París. Pasa la semana y vuelve al pueblo que espera efervescente que le cuente las historias bohemias que seguro que ha vivido. Sin embargo, el hombre no ha hecho absolutamente nada de interés y se inventa la romántica historia de que se ha batido en duelo con otro hombre por el amor de una mujer; la consecuencia, lleva una bala alojada en su interior. Pasan los años y enferma; los doctores, como no dan con su mal, comprenden que la bala está infectando mortalmente su cuerpo. El personaje es consciente del error médico, pero permite una operación a vida y muerte para la extirpación de la inexistente bala; lo que termina evidentemente con su vida.

No es otra cosa que el tema de toda nuestra literatura: la honra, el qué dirá la gente, la opinión ajena, como la del protagonista del libro de Ezequías. El lunático Colón se amputa un testículo para iniciar su aventura, su locura, cual profesor de pie sobre una mesa, para que marineros, alumnos, lectores le sigamos a regañadientes, al principio, entusiasmados, después, ahora.
Vale.

* * * * *

ÓSCAR MARTÍNEZ:

De nuevo la actualidad editorial en la isla de Delos nos lleva al prolífico escritor Luciano de Samosata. En el acto de presentación de la nueva novela de Ezequías Blanco Nuevas nuevas sobre Colón. Novela histriónica, se evocaba su figura y obra al sostener que la nueva obra de Ezequías Blanco se entroncaba en la tradición no ya de los libros de viajes –el de Colón fue un viaje de conocida trascendencia en la historia de la Humanidad–, sino en la de la parodia de los libros de viajes, cuyo primer representante de cierta notoriedad fue el autor sirio de lengua griega, Luciano. Como en el disparatado viaje a la luna de Luciano, la novela de Ezequías se revela como heredera de esa literatura paródica en el empleo de unos tonos caricaturescos y carnavalescos, así como llenos de referencias a un acervo literario anterior (Ezequías, que es poeta y narrador, también es filólogo y ha trabajado toda su vida como profesor de literatura), y como en Luciano también en las Nuevas… abundan los parajes más extraordinarios y los personajes más excéntricos, quienes dan pie a episodios claramente clasificables como surrealistas. Comenta Carlos García Gual en su traducción a las obras de Luciano (una recopilación de sus Relatos fantásticos, en Alianza editorial) que por las venas de Luciano y epígonos suyos, como Swift, corren mares de tinta. Ese es también el combustible que alimenta la última novela de Ezequías, cuyos acontecimientos se suceden sin dar tregua al almirante Colón evidenciando la capacidad que tiene la narrativa de modelar el mundo mediante la imaginación. Al igual que Luciano llevó a descubrir a sus lectores del siglo II de nuestra era la luna y el sol, Ezequías nos embarca en su novela en un viaje rumbo a un descubrimiento (el del continente que no lleva su nombre) de ficción. Un último paralelo entre ellos dos es que la ocupación literaria no es territorio de la circunspección, sino más bien del divertimento y del placer que producen las historias por contar.

* * * * *

EZEQUÍAS BLANCO:

Buenas tardes.

Aunque Virginia Woolf escribiera que no existe “esa cosa” llamada novela porque muy poco o nada tiene que ver lo que ha escrito Proust con lo que ha escrito Kipling o Stevenson; nada lo que escribió Cervantes con lo que ha escrito Wells, para mí escribir una novela consiste en inventar un mundo, un universo, que no existe y hacerlo seductor, verosímil o creíble para quien lo lee… Por eso Valle-Inclán debió escribir con tanta lucidez aquello de que “la literatura es la verdad de las mentiras” (todo lo que hay en este libro es verdad/mentira literaria) y Pessoa,con una lucidez no menor, dejó escrito aquel poema que comienza:  El poeta es un fingidor./ Finge tan completamente/ que hasta finge que es dolor/ el dolor que en verdad siente…

Así que la habilidad del escritor y la credulidad del buen lector hacen que acontezca el milagro de la literatura. Ese milagro es el que yo espero que se produzca con quienes lean la novela “Nuevas nuevas sobre Colón”.

Ya sabéis todos los que me conocéis que estas cosas de las presentaciones y de las exposiciones públicas uno las hace con el fin de reunir a amigos y a conocidos  para poder agradecerles su amistad y su existencia y para poder constatar que la tierra sigue girando y que la alegría es la verdad esencial y permanente del ser humano.

Y yo, otra cosa no seré, pero agradecido lo soy en grado sumo. Así que vamos con los agradecimientos.

Muchas gracias al Área de Cultura del Ayto de Getafe en la persona de Miguel Ángel Martín por cedernos el espacio del Teatro Federico García Lorca y por la amabilidad de todos los que desde la institución velan hoy por nuestra seguridad; gracias a Mariano, Rafa y Oscar y a Matías, que estará sufriendo por no poder estar hoy aquí con nosotros. Ellos, los cuatro, forman parte ya de mi familia de amigos desde hace mucho tiempo y les tengo una profunda admiración por ser tan talentosos como ya habéis podido comprobar.

Y ahora, después de mi intervención, vienen dos guindas a coronar el pastel de la puesta de largo de este libro:

Primero un entreacto musical orquestado por el virtuoso de la guitarra clásica, profesor de música  y compositor Jesús Saiz Huedo (especialista en Tárrega) e interpretado por músicos y cantantes de primera fila del grupo Poético-Musical La Ortiga con Manolo Romero a la cabeza. (Manolo, mi especial amigo en estos últimos años que se acaba de ir a vivir a Córdoba). Es una audición realizada en exclusiva para este acto por lo cual tengo que darles las gracias más efusivas si cabe.

La segunda guinda  con la que finalizaremos este acto será la proyección de un Audiovisual guapo, guapo de Rufo Pajares que anda hoy también detrás de los mandos de la tecnología, junto a los técnicos del Teatro. Gracias, hermano Rufo.

Y, por supuesto, también gracias a todos los presentes y a los ausentes que, por múltiples causas, no han podido asistir y les hubiera gustado… Gracias. Gracias de corazón a todos. Gracias por ser mis amigos. Gracias por quererme.

* * * * *

MATÍAS MUÑOZ:

SONETO ESDRÚJULO PARA LA PRESENTACIÓN
DE LA NOVELA HISTRIÓNICA
NUEVAS NUEVAS SOBRE COLÓN

Este Colón ciclán es tan histriónico
que tiene por virtud ser propedéutico:
ni reclama, su verbo, al hermenéutico
ni se rinde a la alfombra del canónico.

Es, de principio a fin, un todo armónico
y hasta diría yo que terapéutico,
pues libra de visita al farmacéutico
si lo lee cualquier enfermo crónico.

Surreal disparate, extraño, mágico,
su lenguaje, preciso, pedagógico,
regala humor absurdo y hemorrágico.

Paródico y, a ratos, apológico,
un relato mayúsculo y pelágico:
Colón de un Ezequías antológico.

(25 de Febrero 2021)